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Independencia, libertad y soberanía individual

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Isaac Puente.
Prólogo de José Peirats.

El primer contacto simbólico con Isaac Puente (pues nunca personal lo tuve) se remonta al bienio 1925-27, a través de la publicación «Generación Consciente», que se editaba en Valencia excelentemente presentada. Estábamos en plena dictadura de Primo de Rivera. El virus libertario recurría a subterfugios para comunicarse sus inquietudes. Uno de los amagos preferidos era la excursión a la montaña. Para los ácratas en flor capitaleños, la montaña era la orla pegada a la costa mediterránea todavía no profanada por el asfalto, el caucho y los acres olores. Había que habérselas con sendas abruptas y enmarañadas, juego de niños para los montañeros del Clot («Sol y Vida»), los alumnos nocturnos de la Escuela «Luz» (de Sants), los de «Natura» (S. Martín) y otras partidas de forajidos. Escalábamos el repecho de Vall-vidrera cual ganado cabrío para desparramarnos por el ondulante Vallés Occidental, donde abundaban paisajes bucólicos, bosquecillos de pinos piñoneros, arroyos con alamedas, grises encinares y olivares plateados. ¡Qué jóvenes nos vemos ahora en viejas, borrosas, amarillentas fotografías, milagrosamente supervivientes! Iban pollinamente cargadas nuestras espaldas con mochilas repletas de fruta del tiempo y... papeles, kilos de papel impreso: los casi fósiles folletos, algún que otro libraco de hojas arrolladas como las que otoño aventa y, milagro de lozanía, las pocas revistas que la inquisitorial censura militar desdeñaba: «Generación Consciente» y «La Revista Blanca»; ésta prodigiosamente nacida con el cuartelazo, y en la que se leían con unción los primeros pinitos literarios de Federica, acontecimiento por mujer, joven y un estilo vigoroso. Rumiaban con más o menos sordina los iniciados las misteriosas hojas clandestinas, que firmaban con estilo pirotécnico, tras los saludos y vivas de rigor, remotos comités confederales o «específicos». Y, como soga tras caldero, producíase la «charla». Era la de no acabar sobre la sexualidad, amor libre, naturismo o vegetarismo. La Dictadura había liquidado un movimiento y clausurado una época; pero los pretendientes a los favores de Acracia que no yacían bajo tierra profana; los no enterrados en vida en presidios; los que no andaban a salto de mata cambiando de domicilio o de provincia; en fin, los que no habían puesto Pirineos de por medio, hacíamos filosofía barata discutiendo lo humano y lo divino, francos aún de ficha antropométrica en la Jefatura Superior de Policía...

Asociación Isaac Puente, Vitoria 1987
40 págs. Rústica 21x15 cm

Detalles
Asoc. Isaac Puente
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